Millones de seres humanos no pueden satisfacer sus necesidades fundamentales. Les falta agua potable, comida en cantidad suficiente y alojamiento decente, y tampoco tienen acceso a la sanidad y a
la educación. Por lo tanto, el sistema capitalista no consiguió mejorar la vida de la gente ni poner fin a las grandes plagas que hacen sufrir a la humanidad. Peor aún, en los últimos treinta
años, es decir, desde la implantación del capitalismo neoliberal, la situación se ha degradado tanto en el Norte como el Sur del planeta. Al considerar la situación desde un punto de vista
global, el balance del capitalismo es sumamente negativo.
El hombre siempre hizo la guerra; el hombre es fundamentalmente egoísta; el capitalismo siempre existió y siempre
existirá; no obstante sus defectos, el sistema capitalista es el menos malo de los sistemas; el capitalismo es el único modelo que ha demostrado sus aptitudes. Todas las demás sociedades acabaron
en catástrofes. Estas afirmaciones que se escuchan por doquier, y desde hace mucho tiempo cumplen una función muy precisa: anular cualquier debate serio, cualquier análisis crítico y cualquier
propuesta alternativa al modelo económico en el que vivimos. Aceptar estas afirmaciones nos impide ver lo fundamental: vivimos en un mundo basado en la explotación, la pobreza y las
desigualdades. Vivimos también en un mundo que está inmerso en una crisis global, planetaria, sin precedentes en la historia de la humanidad. Estas afirmaciones, al llevarnos a un repliegue sobre
nosotros mismos y al fatalismo, nos impiden también devenir ciudadanos responsables que ponen sus energías e inteligencias al servicio de un proyecto emancipador. Si queremos luchar de la manera
más eficiente posible contra la injusticia social, es necesario deconstruir, combatir y superar estas aseveraciones que no son más que antífrasis e ideas preconcebidas. Es necesario aceptar que
la humanidad debe encontrar los medios para avanzar en forma concreta por otra vía que no sea la del capitalismo. No será nada fácil. El camino será largo y con múltiples obstáculos, pero es la
única solución si queremos construir ese otro mundo posible, socialmente justo y respetuoso con la naturaleza. Hoy en día ser anticapitalista, es urgente, necesario y razonable.
1. Ser anticapitalista, es sencillo, coherente y moralmente justo
En primer lugar, ¿qué significa ser anticapitalista? Según el diccionario, es anticapitalista (1) él o la que se opone al capitalismo. Pero ¿qué es el capitalismo? Es un modelo económico y social
cuyos valores fundamentales son: el lucro, la propiedad privada de los medios de producción, la competencia, y el crecimiento económico.
Efectivamente, ser anticapitalista es muy simple: sólo es estar en contra de que el lucro, la propiedad privada de los medios de producción, la competencia, el egoísmo y el crecimiento económico
constituyan los valores fundamentales que determinan nuestras sociedades humanas.
Ser anticapitalista no es lo mismo que ser comunista, leninista, estalinista, trotskista, anarquista, u otros
«-istas» de este tipo. Ser anticapitalista no significa «defender» regímenes tales como el de la Unión Soviética de Stalin, el de Camboya de Pol Pot, el de la China de Mao o el de la China
actual. Ser anticapitalista tampoco significa rechazar el «progreso» y vivir de manera miserable negándose a aceptar todo lo que proviene de esta sociedad. Vivir en un sistema y estar en contra
de éste, no es lo mismo ni tampoco es incompatible.
Ser anticapitalista es pensar que estos valores (lucro, propiedad privada, competencia y crecimiento) no deben ni pueden constituir la base de una sociedad socialmente justa, respetuosa de la
naturaleza, solidaria y emancipadora para la humanidad.
2. El sistema capitalista no logró mejorar la vida de la gente
Del lado de los defensores del capitalismo, a menudo se oyen afirmaciones tales como: Evidentemente, el capitalismo no es perfecto, ningún sistema lo es. Pero no hay que olvidar que el
capitalismo ha permitido una mejora de las condiciones de vida para millones de personas. Por ejemplo, la gente nunca había llegado a una edad tan avanzada. Tampoco olvidemos que es gracias al
capitalismo que millones de personas pudieron acceder a tecnologías tales como la televisión, la aviación, los coche, los teléfonos móviles, Internet.
No se puede negar que hay una parte de verdad en esa afirmación pero es muy pequeña, casi minúscula. ¿Por qué? Debemos comenzar por recordar que la mayoría de las riquezas de las que algunos de
nosotros/as se benefician se crearon sobre la base de la explotación de los pueblos y del saqueo de sus recursos naturales. ¿Cuál ha sido el precio pagado por permitir a una minoría de seres
humanos «beneficiarse» o «gozar» de un nivel de vida elevado y del pretendido «progreso»”? ¿Cuántas guerras, cuántos crímenes contra la humanidad, catástrofes humanas y ecológicas han sido
necesarias para llegar a tal «progreso»?
Por otra parte, el capitalismo está vigente en casi todas las economías del planeta y se ha mundializado, o sea, todas estas economías están interconectas. Eso implica que un balance serio del
capitalismo sólo puede hacerse a escala mundial y hay que plantearse la pregunta: ¿cuántos seres humanos se han beneficiado y se benefician realmente de este sistema?. Recordemos aquí que según
el Banco Mundial más de la mitad de la humanidad vive en la pobreza. Para estos 3.000 millones de seres, la preocupación no es la televisión, Internet u otros bienes tecnológicos. Se trata de
trabajar 12 horas al día, 7 días a la semana, para conseguir los recursos suficientes para que la familia sobreviva, simplemente para no morir. Y si hablamos de «llegar a una avanzada edad», no
hay que olvidar que todos los informes de Naciones Unidas muestran que la esperanza de vida retrocedió en varios países llegando, por ejemplo, a 41 años en la Republica Democrática del
Congo.
En el Sur como en el Norte, la mayoría de los ciudadanos, movimientos sociales e instituciones internacionales admiten que la situación actual es inhumana e intolerable. Millones de seres humanos
no pueden satisfacer sus necesidades fundamentales. Les falta agua potable, comida en cantidad suficiente y alojamiento decente, y tampoco tienen acceso a la sanidad y a la educación. Por lo
tanto, el sistema capitalista no consiguió mejorar la vida de la gente ni poner fin a las grandes plagas que hacen sufrir a la humanidad. Peor aún, en los últimos treinta años, es decir, desde la
implantación del capitalismo neoliberal, la situación se ha degradado tanto en el Norte como el Sur del planeta. Al considerar la situación desde un punto de vista global, el balance del
capitalismo es sumamente negativo.
3. La crisis a la que nos enfrentamos es, ni más ni menos, una crisis del sistema capitalista
La situación (social, económica, ecológica...) actual es pésima, ya que se ha ido deteriorando en el curso de estos últimos treinta años, y esa es la realidad que se debe tener en cuenta. Además,
hay que plantear otra pregunta fundamental: ¿Cómo evolucionará la situación a corto o mediano plazo? ¿En que dirección vamos? ¿Hacia una mejora o hacia un empeoramiento? Sin ser adivino, la
respuesta a esta pregunta es bastante evidente. Es dolorosa pero debemos aceptarla de forma honesta y sin caer en el catastrofismo: no solo existe el riesgo de que la situación continúe
degradándose sino que puede llegar a que la mera supervivencia humana esté en peligro. Está claro que la humanidad debe enfrentarse con varias crisis de alcance planetario sin precedentes: crisis
alimentaría, financiera, económica, ecológica, migratoria, energética, de civilización.
Cuando se investiga los pormenores de estas crisis, rápidamente se comprueba que no son el resultado de una «mala gestión» o de la ausencia de reglas, sino el producto de la naturaleza y de la
lógica del capitalismo en sí. Un sistema cuyo único objetivo es el máximo de ganancia a corto plazo, cualesquiera sean las consecuencias sociales y ecológicas provocadas. Este análisis nos ofrece
una razón suplementaria para ser anticapitalista, y buscar, encontrar e implementar soluciones que se enmarquen en un proceso de ruptura contra este sistema y que, por lo tanto, coloquen la
satisfacción de las necesidades fundamentales en el centro de todas las opciones políticas y económicas.
4. No se puede humanizar el capitalismo
Otra cuestión muy importante es saber si el capitalismo es capaz de revertir esta tendencia. Según el discurso dominante deberíamos hacer razonable un capitalismo que se habría vuelto loco. La
crisis financiera seria el resultado de un comportamiento inaceptable de algunos capitalistas y por lo tanto se trataría de «salvar al capitalismo de los capitalistas». Para revertir la tendencia
actual y salir de la crisis, deberíamos volver a fundar el capitalismo, humanizarlo, volviendo a una mayor regulación.
Ahora se ha producido un cambio en relación con los discursos neoliberales de estos últimos treinta años. Pero hay que tener cuidado en no confundir los discursos con la realidad. Las
intervenciones del Estado en la economía, como por ejemplo los planes de salvataje del sector financiero no tienen como objetivo defender a las clases populares, sino salvar el sistema
capitalista para reanudar el crecimiento y, en consecuencia, restaurar los beneficios de los capitalistas. Se trata de gestionar la crisis regulando el sistema en forma provisional para evitar la
quiebra total, para luego repartir sobre las mismas bases de siempre. Las posibilidades de que consigan relanzar el crecimiento son escasas. Todas las cifras y todos los informes de las
instituciones internacionales indican que, sin un cambio radical, entraremos en una crisis profunda y larga. La bancaria y financiera prosigue; la económica se ha generalizado. La crisis es ahora
mundial.
En todo caso, en el marco de la actual correlación de fuerzas, no hay ningún gobierno que ponga en el orden del día un cambio de sistema. No lo ha hecho hasta ahora y no se prepara para hacerlo.
Lo que los gobiernos si preparan (y ya lo han comenzado) es hacer pagar la crisis a los trabajadores y a los pueblos. Se trata de aplicar la receta habitual, o sea, la privatización de las
ganancias y la socialización de las perdidas. Para ellos la cuestión se resuelve en esperar que la crisis termine y que los negocios resurjan. ¿Es eso fundar de nuevo el capitalismo? ¿Es eso lo
que queremos? Algunas reglas limitadas, un poco de intervencionismo, discursos sobre la necesidad de acabar con los paraísos fiscales. Sin embargo, ninguna medida enunciada es verdaderamente
apremiante para evitar lo peor en este momento, sino para recaer en una crisis aún mas profunda en los próximos años. Y decimos: ¡No!
En una perspectiva de largo plazo no es posible humanizar o racionalizar el capitalismo. No hay un capitalismo «bueno» y uno «malo». La búsqueda de la ganancia máxima a corto plazo, la propiedad
privada de los grandes medios de producción, la explotación sin limites de los trabajadores, la especulación, la competencia, la promoción del interés privado individual en detrimento del interés
colectivo, la frenética acumulación de riquezas por un puñado de individuos o las guerras son características inherentes al sistema capitalista. El capitalismo no tiene cara humana sino la de la
barbarie. Al capital le importa poco la destrucción del planeta, que los niños trabajen, que la gente coma o no coma, que tenga una vivienda o no la tenga, que tenga medicinas cuando se enferme o
una pensión cuando envejezca. No, nada de eso le importa al capitalismo. Para enfrentar la crisis es necesario ir a la raíz del problema y poner en marcha lo más rápidamente posible alternativas
para acabar con el sistema capitalista.
5. La utopía no es lo que se dice
El capitalismo no es capaz de realizar esta «alternativa», puesto que no puede garantizar la satisfacción universal de las necesidades humanas fundamentales. El capitalismo no puede y no quiere
implicarse en los grandes desafíos sociales y ecológicos de nuestra época. Una vez aceptada esta idea, lo lógico es plantearse el abandono del capitalismo y la construcción de otro modelo. Y es
en este instante que el combate contra la ideología capitalista empieza realmente. En efecto, la gran victoria del capitalismo es haber logrado inculcar en la mayoría de las mentes la idea de que
otro modelo no sólo es imposible sino, y sobre todo, es muy peligroso.
“No hay que soñar. El capitalismo siempre existió y siempre existirá. Siempre hubo guerras y siempre las habrá. ¡Siempre hubo pobreza y desigualdades y siempre la habrá! Los que pretenden lo
contrario son utopistas. Hay que mirar la verdad de frente: el hombre es fundamentalmente egoísta y desde la noche de los tiempos siempre ha buscado el lucro y el capitalismo lo asume. El
capitalismo es el orden natural de las sociedades humanas. Crear otro modelo en el cual se compartiera todo no es sólo impensable sino que conduciría automáticamente a una catástrofe. Basta con
mirar lo que pasó en Rusia con sus 100 millones de muertos para estar convencido de esto.”
A primera vista, estas ideologías tienen una coherencia de conjunto e impregnan de tal manera nuestra vida cotidiana que no es nada fácil luchar contra ellas. No es fácil pero es posible y es
necesario hacerlo.
Primero: Es necesario recordar que el capitalismo, bajo su forma actual, existe desde hace apenas tres siglos. En todos los continentes, se desarrollaron civilizaciones durante los milenios
precedentes que no conocieron el capitalismo. No siempre existió, nació en los intersticios de la sociedad feudal hace una decena de siglos y llegó a dominar la escena occidental en su forma
industrial desde hace tan sólo dos. En otras partes del mundo, su imposición fue posterior. Por lo tanto, sólo representa una parte mínima en la historia de nuestra humanidad. El capitalismo no
ha existido siempre y no existirá para siempre. Por otra parte, se trata de la pura supervivencia de la humanidad. Y ésta puede organizarse de otra manera, sin el capitalismo.
Segundo: Como fue creado por el hombre, se puede decir que el capitalismo es un modelo humano. Pero, sobre todo, es necesario agregar que el capitalismo es inhumano, ya que alimenta todo lo que
hay de más negativo en el hombre: competencia, egoísmo, individualismo, etc. No hay que equivocarse, la competencia y el egoísmo, a escala individual y en forma moderada, no tienen nada de malo y
hasta pueden tener algunos aspectos positivos. Hay egoísmo en cada uno de nosotros, nadie puede negarlo, pero también hay solidaridad y altruismo. Y es eso lo más importante: ¿vivimos en una
sociedad que alimenta y refuerza la solidaridad y la cooperación o en una sociedad que lo hace para la competencia y el egoísmo? En forma más general, hay que preguntarse si el egoísmo y la
búsqueda del beneficio, que son la base del sistema capitalista, pueden ser los motores de la construcción de una sociedad socialmente justa, respetuosa de la naturaleza, solidaria y emancipadora
para la humanidad. ¡Claro que no!
Tercero: Hay que afirmar rotundamente que la sociedad que debemos construir no debe, en ningún caso, parecerse a las experiencias llamadas socialistas del siglo XX. Si bien los regímenes
estalinistas en el bloque soviético, de Pol Pot en Camboya o de la China de Mao son experiencias traumáticas que se deben criticar con energía y seriedad, no hay que olvidar que sistemáticamente
han sido subestimados los factores externos en la explicación de los fracasos de experiencias socialistas anteriores. Es evidente que un sistema socialista, es decir, un sistema que pone las
necesidades sociales por encima de las del capital, entra en contradicción con los intereses de los capitalistas. Si se tuviera la certeza de que un modelo basado en la cooperación y el
intercambio no puede funcionar, entonces ¿por qué las potencias capitalistas han dedicado tanto tiempo, energía y dinero para combatir ideológicamente, desestabilizar políticamente, ahogar
financieramente y derrocar militarmente los regimenes que querían avanzar por ese camino? ¿Por qué Patrice Lumumba en el Congo, Salvador Allende en Chile, Mossadegh en Irán y Thomas Sankara en
Burkina Faso fueron asesinados por las potencias del Norte? Lo hicieron porque estos dirigentes querían aplicar políticas que iban contra la lógica del lucro. ¿Por qué Mobutu, Pinochet, el Shah
de Irán o Compaoré fueron apoyados técnica y económicamente durante más de treinta años? Porque aceptaban mantener un sistema basado en la transferencia de riquezas de las clases trabajadoras
hacia las clases capitalistas.
¿Y acaso Adolf Hitler, Benito Mussolini, el régimen expansionista y militarista japonés (de antes y durante la segunda guerra mundial), el general Franco, el general Salazar, el régimen del
apartheid no eran adeptos entusiastas del capitalismo? Fueron responsables de decenas de millones de muertos.
Por fin, a los que afirman que pensar otro modelo y actuar para implementarlo no es realista, hay que contestar simplemente que lo que no es realista es pensar que la humanidad podrá seguir
viviendo dentro del actual modelo. Recordemos que el balance del capitalismo habla por sí solo: no ha traído más que pobreza, desigualdades y un planeta exhausto. Por consiguiente, es necesario y
urgente abandonar este modelo e inventar otro. Otro modelo es posible y hay que pensar en forma colectiva en cómo ponerlo en marcha. Es una afrenta a la creatividad humana pensar que no somos
capaces de hacerlo. La humanidad necesita una utopía que en vez de ser un freno sea un motor para romper con la lógica de la fatalidad y proponer medidas concretas, aquí y ahora, y al mismo
tiempo ofrecer perspectivas interesantes para la colectividad humana.
6. Hay que reinventar el socialismo del siglo XXI
Frente a las experiencias dramáticas del socialismo real del siglo pasado, la sociedad por construir, que podría llamarse socialismo del siglo XXI o ecosocialismo, debe constituir una respuesta
profundamente democrática y autogestionada a las experiencias negativas del pasado. Frente a esta crisis global del sistema capitalista, es necesario implantar políticas anticapitalistas,
socialistas y revolucionarias que integren obligatoriamente la dimensión feminista, ecologista, internacionalista y antirracista. Hace falta articular estas diferentes dimensiones en forma
coherente para que estén completamente integradas en los proyectos del socialismo del siglo XXI.
Es absolutamente posible garantizar la justicia social en Bélgica, en Europa y en cualquier parte del mundo. Es absolutamente posible avanzar hacia un modelo que, respetando la naturaleza,
asegure que cada persona tenga una vivienda correcta, una alimentación de calidad, un trabajo decente y bien remunerado, protección social, acceso a la salud, a la educación y a los transportes.
No obstante, se tiene que ir más lejos. Hay que instaurar una verdadera democracia. Por supuesto, la democracia política, donde los ciudadanos toman parte, en concreto, en las grandes opciones
que determinan la naturaleza y el funcionamiento de nuestras sociedades. Pero también hace falta la democracia económica donde sea posible otro reparto de la riqueza, que se combine con un
control de estas riquezas por parte de los y las que las producen, o sea, los trabajadores y las trabajadoras de las ciudades y del campo.
Pero eso no llegará solo. Hará falta que sea una elección consciente y colectiva. Por el momento es cierto que no hay fuerzas suficientes para derribar al capitalismo. Pero en todas partes del
planeta y en diferentes escalas se ponen en marcha alternativas sociales, económicas, democráticas, originales y autogestionarias. Cada vez son más las personas que piensan que tenemos derecho a
vivir en otro sistema que no sea el orden capitalista. Cada vez son más los que piensan que otro mundo no sólo es posible, sino que es necesario y urgente construirlo aquí y ahora. Como
ciudadanos y ciudadanas del mundo, nuestra tarea es servirnos de esas experiencias concretas y luchar de la mejor manera para construir y organizar todas las fuerzas
anticapitalistas.
Se trata de construir un modelo en el que las necesidades de la gente estén en el centro de las decisiones políticas. Un mundo en el que la cooperación, la ayuda mutua, el reparto y la
solidaridad sean más importantes que la competencia y la competición. Un mundo donde haya espacio para el debate y en el que se haya dejado de considerar a los ciudadanos como unos ignorantes.
Aunque no haya motivo para alegrarse de la crisis, puesto que golpeará (y ya golpea) a centenares de millones de personas, tanto en el Norte como en el Sur del planeta, ésta, no obstante,
presenta una ventaja: bate en brecha todas las ideologías neoliberales y muestra la verdadera cara de los gobiernos que actúan sistemáticamente en interés de los ricos. Hace falta mirar a nuestro
alrededor y reapropiarse la política. La política no son los gobiernos. La política no es complicada ni es un asunto de especialistas. La política somos nosotros, con nuestras diferencias,
nuestros conocimientos, nuestra energía, nuestra creatividad y nuestra poesía.
7. La lucha no causa tristeza. Al contrario
Con injusticias tan grandes y nosotros tan débiles en relación con el poder, a menudo se escucha, particularmente entre los jóvenes que intentan cambiar las cosas, que la tarea es imposible y
que, inevitablemente, el único resultado será entristecernos. No es cierto. Analizar el mundo en el que vivimos, tomar consciencia de su carácter profundamente injusto y tomar la decisión de
luchar lo mejor que podamos contra esa injusticia es entender el lugar que debemos ocupar en la sociedad, y el papel que, con humildad, podemos tener. Esto, en lugar de entristecernos, debe
permitirnos tomar consciencia de nosotros mismos y dar un sentido a nuestro pasaje por la tierra.
Hay que luchar. Reivindicar colectivamente medidas que van en contra de los intereses de los capitalistas y de los que los apoyan. Hará falta movilizarse y estar en la calle. Hará falta que los
pueblos consigan de nuevo el control de su porvenir. La revolución se hará en la calle y en las urnas. Como Marx lo recuerda, les toca a los pueblos liberarse por sí mismos y para si mismos. El
camino será largo y lleno de obstáculos. El modelo que queremos quedara como un proceso inacabado lleno de contradicciones, de fracasos, pero también de alegrías y de victorias. Sin embargo, el
camino es tan importante como el ideal que queremos alcanzar. Y no es porque vamos a contracorriente que caminamos en la mala dirección. Marx nos dice que la historia de la humanidad es la
historia de la lucha de clases.
Nadie necesita la certeza de la victoria para emprender (una lucha) ni de alcanzar el éxito para perseverar (en ella).
Autor: Olivier Bonfond - Traducción Virginie de Romanet y Griselda
Piñero.
Publicado en www.cadtm.org
Nota
(1) Esta es la definición que da Le Nouveau Petit Robert de 1993. En el DRAE no existe el término
30 avril par Olivier Bonfond
« L’homme a toujours fait la guerre. » ;
« L’homme est fondamentalement égoïste. » ; « Le capitalisme a toujours existé et existera toujours » ;
« Malgré ses défauts, le système capitaliste est tout de même le moins mauvais » ; « Le capitalisme est le seul modèle qui a fait ses
preuves. Toutes les autres sociétés ont abouti à des catastrophes. ». Ces affirmations, qu’on entend partout et depuis longtemps, jouent un rôle très précis : balayer d’un revers
de la main tout débat sérieux, toute analyse critique et toute proposition alternative au modèle économique dans lequel nous vivons. Accepter ces affirmations nous empêche de voir
l’essentiel : nous vivons dans un monde basé sur l’exploitation, la pauvreté et les inégalités. Nous vivons aussi dans un monde qui connaît une crise globale, planétaire, sans précédent
dans l’histoire de l’humanité. En nous poussant au repli sur soi et au fatalisme, ces affirmations nous empêchent également de devenir des citoyens responsables, mettant leurs énergies et leurs
intelligences au service d’un projet émancipateur. Si nous voulons lutter du mieux que nous pouvons contre l’injustice sociale, il est donc nécessaire de déconstruire, combattre et dépasser ces
affirmations, qui ne sont rien d’autre que des contrevérités et des idées préconçues. Il faut l’accepter, l’humanité doit trouver les moyens d’avancer concrètement dans une autre voie que le
capitalisme. Ce ne sera pas facile. Le chemin sera long et parsemé d’obstacles, mais c’est la seule solution si nous voulons construire cet autre monde possible, socialement juste et
respectueux de la nature. Il faut l’accepter, être anticapitaliste aujourd’hui, c’est urgent, nécessaire et raisonnable.
1.Être anticapitaliste, c’est simple, cohérent et moralement juste.
Commençons par le commencement, que signifie être anticapitaliste ? Selon le dictionnaire, est anticapitaliste celui « qui s’oppose au
capitalisme » |1|. Mais qu’est ce que le
capitalisme ? C’est un modèle économique et social dont les valeurs fondamentales sont le profit, la propriété privée des moyens de production, la concurrence et la croissance
économique.
En fait, être anticapitaliste, c’est très simple : cela signifie tout simplement qu’on est contre le fait que le profit, la propriété privée des moyens de production, la concurrence,
l’égoïsme et la croissance économique constituent les valeurs fondamentales qui déterminent les choix de nos sociétés humaines.
Être anticapitaliste, ce n’est donc pas du tout la même chose qu’être communiste, léniniste, staliniste, trotskiste, anarchiste, ou autres noms exotiques de ce genre. Être anticapitaliste, cela
ne signifie pas « défendre » les régimes tels que la Russie de Staline, le Cambodge de Pol Pot, la Chine de Mao, ni celle d’aujourd’hui d’ailleurs. Être anticapitaliste, cela ne
signifie pas non plus refuser le « progrès » et vivre de manière misérable en refusant catégoriquement tout ce qui provient de cette société. Vivre dans un
système et être contre celui-ci, ce n’est ni la même chose, ni incompatible.
Etre anticapitaliste, c’est penser que ces valeurs (profit, propriété privée, concurrence et croissance) ne doivent pas et ne peuvent pas constituer la base d’une société socialement juste,
respectueuse de la nature, solidaire et émancipatrice pour l’humanité.
2.Le système capitaliste n’a pas réussi à améliorer la vie des gens
Du côté des défenseurs du capitalisme, on entend souvent des affirmations du genre : « bien sûr que le capitalisme n’est pas parfait. Aucun système n’est
parfait. Mais il ne faut quand même pas oublier que le capitalisme a permis une amélioration des conditions de vie pour des millions de gens. Par exemple, les gens n’ont jamais vécu aussi
vieux. N’oublions pas non plus que c’est grâce au capitalisme que nous avons rendu accessible à des millions de gens la technologie tels que la télé, les avions, la voiture, les GSM,
Internet. »
C’est vrai, il y a une part de vérité dans cette affirmation, mais cette part est très petite, voire minuscule.
Pourquoi ? Il faut commencer par se rappeler que la plupart des richesses dont certains de nous bénéficient ont été créées en se basant sur l’exploitation des peuples et le pillage des
ressources naturelles. Quel a été le « prix » à payer pour permettre à une minorité d’être humains de « profiter » ou
« jouir » d’un niveau de vie élevé et du soi-disant « progrès ». Combien a-t-il fallu de guerres, de crimes contre
l’humanité, de catastrophes humaines et écologiques pour arriver à ce « progrès » ?
Par ailleurs, le capitalisme est en place dans quasiment tous les économies du monde et celui-ci est « mondialisé », ce qui signifie que toutes ces économies
sont interconnectées. Cela implique qu’un bilan sérieux du capitalisme ne peut être dressé qu’à une échelle globale en se posant la question de savoir combien d’êtres humains ont profité et
profitent réellement de ce système ? Rappelons ici que selon la Banque mondiale, plus de la moitié de l’humanité vit dans la pauvreté. Pour ces trois milliards de personnes, il n’est pas
question de télé, d’internet ou autres biens technologiques. Il est question de travailler 12H par jour, 7 jours sur 7, pour trouver suffisamment de ressources pour faire survivre sa famille,
tout simplement pour ne pas mourir. Et quand on parle de « vivre vieux », il ne faut pas oublier que tous les rapports de Nations Unies montrent que l’espérance
de vie a diminué dans de nombreux pays, pour atteindre par exemple 41 ans en RDC !
Au Nord et au Sud, la plupart des citoyens, mouvements sociaux, gouvernements et institutions internationales l’admettent : la situation actuelle est inhumaine, intolérable. Des milliards
d’êtres humains se voient privés de leurs droits fondamentaux. Privés d’eau potable, de nourriture en quantité suffisante et de logements décents. Privés d’accès à la santé et à l’éducation. Le
système capitaliste n’a donc pas réussi à améliorer la vie des gens. Il n’a pas réussi à résoudre les grands fléaux qui touchent l’humanité. Pire, au cours de ces 30 dernières années,
c’est-à-dire depuis la mise en place du capitalisme néolibéral, la situation s’est dégradée, tant au Nord qu’au Sud de la planète. D’un point de vue global, le bilan du capitalisme est donc
extrêmement négatif.
3.La crise à laquelle nous devons faire face est bel et bien une crise du système capitaliste
La situation (sociale, économique, écologique,…) actuelle est très mauvaise et s’est détériorée au cours de ces 30 dernières années, voilà le constat qui doit être posé. Ensuite, une autre
question fondamentale doit être posée : comment la situation va-t-elle évoluer à court et moyen terme ? Dans quelle direction allons-nous ? Vers un « mieux » ou vers un « pire » ? Sans être devin, la réponse à cette question est assez claire. Elle est douloureuse, mais il faut
l’accepter, avec honnêteté et sans tomber dans le catastrophisme : Non seulement la situation risque de continuer à se dégrader mais elle risque de se dégrader à un tel point que la survie
même de l’humanité est en danger. L’humanité doit en effet faire face à plusieurs crises planétaires sans précédents : crise alimentaire, crise financière, crise économique, crise
climatique, crise migratoire, crise écologique, crise énergétique, crise de civilisation.
Lorsqu’on s’intéresse aux tenants et aboutissants de ces crises, on remarque très vite qu’elles ne sont pas le résultat d’une « mauvaise gestion » ou d’absence
de règles. Ces crises sont le produit de la nature et de la logique propre du capitalisme, système qui a pour seul objectif le profit maximal à court terme, quelles que soient les conséquences
sociales et environnementales. Cette analyse nous donne donc une raison supplémentaire d’être anticapitaliste, et de chercher, trouver et mettre en place des solutions qui s’inscrivent
résolument en rupture avec ce système et qui mettent la satisfaction des droits humains fondamentaux au cœur des choix politiques et économiques .
4.On ne peut pas donner un visage humain au capitalisme
Une autre question très importante est de savoir si le capitalisme est capable d’inverser la tendance. Selon les discours dominants, nous serions face à un capitalisme devenu fou qu’il
s’agirait de raisonner. La crise financière serait le résultat d’un comportement inacceptable de quelques capitalistes et il faudrait donc « sauver le capitalisme des capitalistes ».
Pour inverser la tendance actuelle et sortir de la crise, il s’agirait de refonder le capitalisme, de lui donner un visage humain, en revenant à plus de régulation.
Il y a, à l’heure actuelle, un changement par rapport aux discours néolibéraux de ces trente dernières années. Mais il ne faut pas confondre discours et réalité. Les interventions de l’Etat
dans l’économie, comme les plans de sauvetage du secteur financier par exemple, ne sont pas là pour défendre les classes populaires, mais bien pour sauver le système capitaliste, tenter de
retrouver de la croissance et par là, restaurer les profits des capitalistes. Il s’agit de gérer la crise en régulant le système provisoirement, pour éviter la faillite totale, puis, repartir
sur les mêmes bases qu’auparavant. Il est possible qu’ils arrivent à retrouver la croissance, mais il y a peu de chance. Tous les chiffres et tous les rapports des institutions internationales
indiquent que, sans changement radical, nous rentrons dans une crise profonde et longue. La crise bancaire et financière continue. La crise économique s’est généralisée. La crise est
mondiale.
Dans tous les cas, dans le cadre des rapports de force actuels, il ne s’agit en aucun cas pour les gouvernements de mettre à l’ordre du jour la sortie de ce système. Ils ne l’ont pas fait
jusqu’à présent et ne s’apprêtent pas à le faire. Ce qu’ils s’apprêtent à faire (et ont déjà commencé à faire), c’est de faire payer la crise aux travailleurs et aux peuples. Il s’agit
d’appliquer la recette habituelle, à savoir socialiser les pertes et privatiser les profits. Il s’agit de tenir bon en espérant que la crise s’arrêtera et que les affaires reprendront. Est-ce
cela refonder le capitalisme ? Est-ce cela que nous voulons ? Un peu de règles, un zest d’interventions, des discours sur la nécessité de supprimer les paradis fiscaux mais aucune
vraie mesure contraignante, pour éviter le pire aujourd’hui, mais retomber dans une crise encore plus profonde dans quelques années ? Non.
Dans une perspective de long terme, il n’est donc pas possible d’humaniser, de rationaliser le capitalisme. Il n’y a pas de « bon » ou de « mauvais » capitalisme. La
recherche du profit maximum à court terme, la propriété privée des grands moyens de production, l’exploitation sans limite des travailleurs et de la nature, la spéculation, la compétition, la
promotion de l’intérêt privé individuel au détriment de l’intérêt collectif, l’accumulation frénétique de richesse par une poignée d’individus ou encore les guerres sont des caractéristiques
inhérentes du système capitaliste. Le capitalisme n’a pas de visage humain. Il a le visage de la barbarie. Pour le capital, peu importe la destruction la planète. Peu lui importe de mettre les
enfants au travail. Peu lui importe que les gens mangent ou ne mangent pas, qu’ils aient un logement ou non, qu’ils aient des médicaments quand ils tombent malades, ou une retraite quand ils
deviennent vieux. Non. Rien de cela n’importe au capitalisme. Pour faire face à la crise, il est donc nécessaire d’aller à la racine du problème et de mettre en place le plus rapidement
possible des alternatives radicales qui en finissent avec le système capitaliste.
5.L’utopie n’est pas celle qu’on croit
Le capitalisme n’est pas capable de réaliser l’Alternative. Il n’est pas capable de garantir universellement la satisfaction des droits humains fondamentaux. Le capitalisme ne peut pas et ne
veut pas s’attaquer aux grands défis sociaux et écologiques de notre temps. Une fois que l’on a accepté cette idée, la sortie du capitalisme et la construction d’un autre modèle se posent
logiquement. Et c’est à cet instant que le « combat » contre l’idéologie capitaliste commence réellement. En effet, la grande victoire du capitalisme est d’avoir réussi à mettre dans
la majorité des têtes l’idée selon laquelle un autre modèle est non seulement impossible mais aussi et surtout très dangereux.
« Il ne faut pas rêver. Le capitalisme a toujours existé et existera toujours. Il y a toujours eu des guerres et il y en aura toujours. Il y a toujours eu de la pauvreté
et des inégalités et il y en aura toujours ! Et ceux qui prétendent le contraire sont des utopistes. Il faut regarder la vérité en face : l’homme est fondamentalement égoïste et,
depuis la nuit des temps, a toujours recherché le profit, et le capitalisme intègre ce constat. Le capitalisme est donc l’ordre naturel des sociétés humaines. Créer un autre modèle, où on
partagerait tout, est non seulement impensable, mais mènera automatiquement à une catastrophe. Il suffit de regarder s’est passé en Russie, avec ses 100 millions de morts, pour en être
convaincus. »
Il n’est pas facile de lutter contre ces idéologies tant elles ont à première vue une cohérence d’ensemble et tant elles sont prégnantes dans notre vie quotidienne. Ce n’est pas facile mais
c’est possible, et il faut le faire.
Premièrement, il faut rappeler que, sous sa forme actuelle, le capitalisme a à peine trois siècles d’existence.
Des civilisations se sont développées au cours des précédents millénaires sur tous les continents sans connaître le capitalisme. Le capitalisme n’a pas toujours existé. Il est né dans les pores
de la société féodale il y a une dizaine de siècles et ne domine la scène occidentale sous sa forme industrielle que depuis deux siècles. Ailleurs, il ne s’est imposé que plus tard. Il ne
représente donc qu’une infime part dans l’histoire de notre humanité. Le capitalisme n’a pas toujours existé et n’existera pas toujours. Il en va d’ailleurs de la survie de l’humanité.
L’humanité peut s’organiser d’une autre manière que le capitalisme.
Deuxièmement, dans le sens où il a été créé par l’homme, on peut dire que le capitalisme est un modèle humain. Mais on doit surtout dire que le capitalisme est inhumain dans le sens où il
nourrit tout ce qu’il y a de plus mauvais dans l’homme : compétition, égoïsme, individualisme, etc. Ne nous trompons pas, la compétition et l’égoïsme à un niveau individuel et à
« faible dose », cela n’a rien de désastreux et peut même avoir des côtés positifs. Il y a de l’égoïsme en chacun de nous, personne ne peut le nier, mais il y a aussi de la solidarité
et de l’altruisme en chacun de nous. Et c’est bien cela qui est important : vivons-nous dans une société qui nourrit et renforce la compétition et l’égoïsme ou dans une société qui nourrit
et renforce la solidarité et la coopération ? Plus globalement, il faut se demander si l’égoïsme et la recherche du profit, qui sont à la base du système capitaliste, peuvent être les
moteurs de la construction d’une société socialement juste, respectueuse de la nature, solidaire et émancipatrice pour l’humanité ? Évidemment que non.
Troisièmement, il faut affirmer avec force que la société que nous devons construire ne doit en aucun cas ressembler aux expériences du 20ème siècle dites socialistes. Si les régimes staliniens
de l’époque soviétique, de Pol Pot au Cambodge ou de la Chine de Mao sont des expériences traumatisantes qu’il faut critiquer avec force et sérieux, il ne faut pas oublier qu’on a
systématiquement sous estimé les facteurs externes dans l’explication des échecs des expériences socialistes antérieures. C’est très clair, un système socialiste, c’est-à-dire un système qui
met les besoins sociaux avant les besoins du capital, rentrent en contradiction directe avec les intérêts des capitalistes. Si on était si sûr qu’un modèle basé sur la coopération et l’échange
ne puisse pas fonctionner, pourquoi les puissances capitalistes ont-elles dépensés autant d’énergie, de temps et d’argent, pour combattre idéologiquement, déstabiliser politiquement, étouffer
financièrement, ou renverser militairement les régimes qui voulaient avancer dans cette voie ? Pourquoi Patrice Lumumba au Congo, Allende au Chili, Mossadegh en Iran, Thomas Sankara au
Burkina, ont –ils assassinés par les puissances du Nord ? Parce qu’ils voulaient appliquer des politiques qui allaient à l’encontre de la logique du profit. Pourquoi Mobutu, Pinochet, le
Shah d’Iran ou Compaoré ont-ils été soutenu techniquement et financièrement pendant plus de trente ans ? Parce qu’ils acceptaient de maintenir un système basé sur le transfert de richesses
des classes laborieuses vers les classes capitalistes.
Et Adolf Hitler, Benito Mussolini, le régime expansionniste et militariste japonais avant et pendant la seconde guerre mondiale, le général Franco, le général Salazar, le régime de l’apartheid,
n’étaient-ils pas des adeptes enthousiastes du capitalisme ? Ils sont responsables de dizaines de millions de morts.
Enfin, à ceux qui affirment que penser un autre modèle et agir pour le mettre en place est irréaliste, il faut tout simplement répondre que ce qui est irréaliste, c’est de penser que l’humanité
va pouvoir continuer à vivre dans ce modèle. Rappelons-le, le bilan du capitalisme parle de lui-même : plus de pauvreté, plus d’inégalités et une planète qui n’en peut plus. Il est donc
nécessaire et urgent de sortir de ce modèle et d’en inventer un autre. Un autre modèle est possible et nous devons réfléchir collectivement à la façon de le mettre en place. C’est faire honte à
la créativité humaine que de penser que nous n’en sommes pas capable. L’utopie, l’humanité en a besoin, mais plutôt que d’être un frein, elle doit être un moteur, pour rompre avec la logique de
la fatalité et proposer des mesures concrètes ici et maintenant, tout en donnant des perspectives intéressantes pour la collectivité humaine.
6.Il faut réinventer le socialisme au XXIème siècle
Face aux expériences dramatiques du socialisme réel du siècle passé, la société à construire, que l’on pourrait appeler socialisme du 21e siècle ou écosocialisme, doit constituer une réponse
profondément démocratique et autogérée aux expériences négatives du passé. Il s’agit, face à cette crise globale du système capitaliste, de mettre en place des politiques anti-capitalistes,
socialistes et révolutionnaires qui intègrent obligatoirement une dimension féministe, écologiste, internationaliste, anti-raciste. Il faut que ces différentes dimensions soient articulées de
manière cohérente et intégralement prises en compte dans les projets du socialisme du 21e siècle.
Il est tout à fait possible de garantir la justice
sociale, en Belgique, en Europe et partout dans le monde. Il est tout à fait possible d’avancer vers un modèle un modèle qui, tout en respectant la nature, permet chaque personne d’avoir
droit à un logement correct, à une alimentation de qualité, un travail décent et bien rémunéré, une protection sociale, un accès à la santé et à l’éducation et aux transports. Il faut cependant
aller plus loin que cela. Il s’agit de mettre en place une véritable démocratie. Démocratie politique bien sûr, où les citoyens prennent part concrètement aux grands choix qui déterminent la
nature et le fonctionnement de nos sociétés. Mais il faut aussi une démocratie économique, où une autre répartition de la richesse se combine avec un contrôle de ces richesses par ceux et
celles qui les produisent, à savoir les travailleurs et travailleuses des villes et des campagnes.
Mais cela n’arrivera pas tout seul, il faudra que ce soit un choix conscient et collectif. A l’heure actuelle il n’y a pas de forces sociales suffisantes pour renverser le capitalisme, c’est
vrai. Mais partout sur la planète et à différentes échelles, des alternatives sociales, économiques, démocratiques, originales et autogestionnaires sont mises en place. De plus en plus de
personnes pensent que nous avons le droit de vivre dans un autre système que l’ordre capitaliste. De plus en plus de personnes pensent qu’un autre monde est non seulement possible, mais qu’il
est nécessaire et urgent de le construire, ici et maintenant. Notre tâche, en tant que citoyens du monde, est donc de nous servir de ces expériences concrètes, et de lutter du mieux que nous
pouvons pour construire et organiser toutes les forces anticapitalistes.
Il s’agit de construire un modèle où ce sont les besoins des gens qui sont au cœur des choix politiques. Un monde où la coopération, l’entraide, le partage et la solidarité priment sur la
concurrence et la compétition. Un monde où il y a de la place pour le débat et où on arrête de prendre les citoyens pour des ignares. Si on ne peut aucunement se réjouir de la crise car elle va
toucher (et touche déjà) durement des centaines de millions de personnes, tant au Nord qu’au Sud de la planète, celle-ci a cependant un avantage : elle bat en brèche toutes les idéologies
néolibérales, et montre le vrai visage des gouvernements, qui agissent systématiquement dans l’intérêt des riches. Il faut regarder autour de nous et se réapproprier la politique. La politique,
ce n’est pas les gouvernements. La politique, ce n’est pas compliqué, ce n’est pas une affaire de spécialistes. La politique, c’est nous, avec nos différences, nos connaissances, notre énergie,
notre créativité et notre poésie.
7.La lutte ne rend pas triste. Au contraire
Parce que les injustices sont si grandes et que nous sommes si faibles par rapport aux forces en présence, on entend souvent dire, en particulier au sein de la jeunesse, que d’essayer de
changer le cours des choses est impossible et donc nous rendra forcément tristes. C’est faux. Analyser le monde dans lequel nous vivons, prendre conscience de son caractère profondément
injuste, et prendre la décision de lutter du mieux que nous pouvons contre cette injustice, c’est comprendre la place que nous devons avoir dans la société et le rôle que nous pouvons
humblement jouer. Cela, au contraire de nous rendre triste, doit nous permettre de prendre confiance en soi, et de donner du sens à notre passage sur terre.
Il va falloir lutter. Revendiquer collectivement des mesures qui vont à l’encontre des intérêts des capitalistes et de ceux qui les soutiennent. Il va falloir se mobiliser et descendre dans la
rue. Il va falloir que les peuples reprennent le contrôle de leur avenir. La révolution se fera dans la rue et dans les urnes. Comme le rappelle Marx, c’est aux peuples de se libérer, par
eux-mêmes et pour eux-mêmes. Le chemin sera long et parsemé d’obstacles. Ce modèle que nous voulons restera un processus inachevé, remplit de contradictions, mais aussi d’échecs. Mais le chemin
est tout aussi important que l’idéal à atteindre. Et ce n’est pas parce que l’on va à contre courant que l’on va dans la mauvaise direction. Comme le rappelle Marx, l’histoire de l’humanité est
l’histoire de la lutte des classes.
Nul n’a besoin de la certitude de la victoire pour entreprendre, ni de réussir pour persévérer.
CTADM, communiqué de presse, 10 mars 2007.
Le magazine Forbes vient de publier son classement annuel des individus les plus riches du monde et le CADTM ne peut rester silencieux face au scandale absolu que les chiffres publiés dissimulent.
Selon Forbes, le monde compte 946 milliardaires (en dollars), alors qu’ils n’étaient que 793 l’an dernier, prouvant ainsi que les très riches sont de plus en plus riches. La fortune cumulée de ces 946 milliardaires s’élève à 3 500 milliards de dollars.
En comparaison, la dette extérieure publique de tous les pays en développement est bien modeste : 1 500 milliards de dollars. Pourtant, cette dette largement odieuse, dont les populations n’ont pas profité, représente un fardeau colossal pour les économies de ces pays. Chaque année, leurs pouvoirs publics remboursent plus de 200 milliards de dollars au titre du service de la dette. De ce fait, les fonds manquent cruellement pour permettre la satisfaction des besoins humains fondamentaux.
Pour le CADTM, le modèle économique actuel est incapable de prendre en compte l’intérêt du plus grand nombre et d’apporter une solution à la misère et à la corruption qui gangrènent de larges pans de la planète. Le FMI, la Banque mondiale, les dirigeants des pays les plus industrialisés, les grandes entreprises multinationales sont les défenseurs de ce système structurellement inique, qui vise à accroître sans fin les profits réalisés par quelques-uns, et ce avec la complicité active des élites des pays du Sud.
Le CADTM appelle à un changement de grande ampleur afin que l’intérêt général cesse de reculer devant les coups de boutoir des intérêts particuliers d’une poignée d’individus très riches. Pour cela, le CADTM réclame l’application de quatre mesures destinées à ouvrir une voie radicalement différente :
- l’annulation totale et immédiate de la dette extérieure publique de tous les pays en développement et un audit dans chaque pays pointant les différentes responsabilités dans la situation actuelle ;
- l’abandon des politiques d’ajustement structurel (libéralisation, privatisations, réduction des budgets sociaux) que les grandes puissances parviennent à imposer grâce au mécanisme de la dette ;
- la suppression des paradis fiscaux et l’expropriation des sommes qui y sont dissimulées ;
- enfin, un impôt exceptionnel de 50% sur la fortune des 946 milliardaires répertoriés par Forbes pour lutter efficacement contre la pauvreté.
http://www.cadtm.org/article.php3?id_article=2498
El CADTM denuncia el enriquecimiento exponencial de algunos mientras que los derechos fundamentales de miles de millones de personas no están garantizados
La revista Forbes acaba de publicar su clasificación anual de los individuos más ricos del mundo y el CADTM no puede permanecer en silencio ante un escándalo absoluto que las cifras publicadas tratan de disimular.
Según Forbes, el mundo cuenta con 946 multimillonarios (en dólares), mientras que sólo eran 793 el año pasado, demostrándose de este modo que los ricos son cada vez más ricos. La fortuna acumulada por estos 946 multimillonarios asciende a 3,5 billones de dólares.
Comparando con esta cifra, la deuda externa pública de todos los países en desarrollo es mucho más modesta: 1,5 billones de dólares. Sin embargo, esta deuda, en su mayor parte odiosa, de la cual las poblaciones no se beneficiaron en nada, representa una pesada carga para las economías de estos países. Cada año, sus poderes públicos pagan más de 200.000 millones de dólares como servicios de la deuda. Y a causa de esto, faltan los fondos para permitir la satisfacción de las necesidades humanas fundamentales.
Para el CADTM, el modelo económico actual es incapaz de tener en cuenta el interés de la mayoría y de aportar una solución a la miseria y a la corrupción que gangrenan gran parte del planeta. El FMI, el Banco Mundial, los dirigentes de los países más industrializados, las grandes empresas multinacionales son los defensores de este sistema estructuralmente inicuo, que tiene por objetivo incrementar sin cesar los beneficios realizados por algunos, y esto con la complicidad de las elites del Sur.
El CADTM llama a un cambio profundo con el fin de que el interés general deje de retroceder ante las embestidas de los intereses particulares de un puñado de individuos muy ricos. Por todo ello, el CADTM reclama la aplicación de cuatro medidas destinadas a abrir un camino totalmente diferente:
-la anulación total e inmediata de la deuda exterior pública de todos los países en desarrollo y una auditoría en cada uno de éstos para determinar las diferentes responsabilidades que condujeron a la situación actual;
-el abandono de las políticas de ajuste estructural (liberalización, privatizaciones, reducción de los presupuestos sociales) que las grandes potencias consiguen imponer gracias al mecanismo de la deuda;
-la supresión de los paraísos fiscales y la expropiación del dinero que allí se oculta;
-finalmente, un impuesto excepcional del 50 % sobre la fortuna de estos 946 multimillonarios enumerados por Forbes, para luchar eficazmente contra la pobreza.
En caso de reproducción de este articulo, mencione la fuente, por favor.
URL: http://www.cadtm.org
Traducido por Griselda Piñero Delledonne